Historias del Alsa: Durmiendo en el bus

Ay asturianinos emigraos míos…

¿No es acaso apetecible, me atrevería a decir que necesario, echar un pigazu en el Alsa?

Por las yermas tierras castellas, bajo el tórrido sol de Junio, la modorra que da el calorín va echándote hacia un lado, siempre y cuando al conductor no le haya dado por convertir el aire acondicionado en cubitera.

Esta caída progresiva hacia los lados puede desembocar en varias situaciones:

1. Si estás en el asiento del pasillo:

1.1 Caída hacia el pasillo: Poco a poco el apoyabrazos irá fundiéndose con tus costillas hasta integrarse entre las flotantes y tu cara toque el suelo del pasillo. El resultado es bastante doloroso, ya que luego no hay manera de extirpar el nuevo hueso de gomaespuma y acero. La empresa Alsa, por si esto fuera poco, está empezando a integrar microorganismos biónicos para que al pobre desdichado al que se le incruste la nueva costilla se le vaya extendiendo la mortífera composición de acero y gomaespuma, y así crear una raza superior de Alsos que combatan a los Easiyetis.

1.2 Caída hacia el acompañante: Un leve movimiento, suave y armonioso, irá aproximándote, junto con tus incipientes babillas, hacia tu compñero/a. En esta ocasión poco podemos recomendar, mas que tengáis suerte de que no se trate de un choriso, de alguien con muy mala leche o de un “amigo”, que te despertará para contarte la película.

2. Si estás en el asiento de la ventanilla:

2.1 La caída hacia el compañero se mantiene, con la salvedad de que si este se cabrea puede propulsar tu cabeza, mullidamente apoyada en su hombro, hacia la ventanilla.

2.2 La caída hacia la ventanilla: Mi modalidad preferida, sin duda. Tu cabeza babeante va durmiéndose sobre el reposacabezas, por el cual se desliza grácilmente hacia… LA VENTANILLA. La ventanilla se caracteriza porque vibra. Pero no vibra un poco, no, vibra más que una batidora haciendo puré de pitu de caleya, lo cual significa que el más leve contacto con el cristal hará explotar tu sueño en mil pedazos. En realidad, es como jugar al tetris pero inexorable: avanzas hacia tu fin cada vez más rápido hasta que… Bzzzz.

Aunque peor, sin duda, es que se te duerma el vecino. Pero eso merece otro post…

~ por generacionalsa en Junio 17, 2008.

Una respuesta to “Historias del Alsa: Durmiendo en el bus”

  1. [...] no había dormido la noche anterior, o algo así. Como bien sabréis, y si no podéis recordarlo aquí, dormir en el Alsa es cosa complicada, pero aquel día logré coger postura, puse el jersey debajo [...]

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